¿Quién diablos es Ribeyro?
Todo empezó hace dos años, cuando recién llegue
a Perú. No conocía a nadie, y me gustaba caminar para conocer lo que sería
Surco. Siempre, al pasear por las calles, entraba a la librería y curioseaba un poco; revisaba los de literatura, tanto
Universal como Latinoamericana. Me acuerdo que me sorprendía por la cantidad de
libros que había en la sección de “Literatura peruana”. Ahí lo vi por primera
vez, en un libro de fotografía, un flaco con los ojos medio arrugados,
concentrado en la chupada de su cigarrillo. Era Ribeyro.
En otra ocasión y en otro tiempo, observé que
en la Av. José Pardo de Miraflores, en el óvalo hay una estatua de Ribeyro, con
un escrito en ella:
“La obra en general se titula La palabra del
mudo, porque en la mayoría de mis cuentos se expresan aquellos que en la vida
están privados de la palabra: los marginados, los olvidados, los condenados a
una existencia sin sintonía y sin voz. Yo les he restituido este hálito negado
y les he permitido modular sus anhelos, sus arrebatos y sus angustias.”
Esa es la segunda vez que supe sobre su
existencia; y la curiosidad nacía cada vez más. En esa segunda ocasión me
pregunté: ¿Quién diablos es Ribeyro?, ¿qué tiene de importancia para Lima?
Tenía que pasar más tiempo para entenderlo.
Después de pasar un año supe que Ribeyro era
parte del movimiento literaria de la Generación del 50, que conoció a Vargas Llosa, que viajó a París
(por lo que sé conoció a Vargas Llosa en París) y que era representante literario de la ciudad de lima, porque él a
través de sus cuentos describió la realidad limeña. Lo último fue lo que más me
entusiasmo: cuando supe que era el más importante de la literatura urbana, no
pude aguantar más. Tenía que leerlo.
Fui a la Feria del libro Amazonas, ya había ido
en unas dos ocasiones. Tuve que pasar por todo Abancay, llegar antes del puente
donde se ve el río Rímac y pasar por el Jirón Amazonas. Al llegar al lugar,
busqué libros por doquier, y después de una hora de búsqueda conseguí el libro La
palabra del mundo de Julio Ramón Ribeyro. Es un libro muy interesante y entretenido.
Irónicamente, pasando los meses, me di cuenta que el libro que compré no es
toda la antología, pero esa es otra historia. Lo importante que, al fin, por
obra del destino, pude leer al fin a Ribeyro. ¿Será que él me estaba llamando
del más allá? Quizá sea coincidencia.


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