La escritura se vive a diario
Yo a veces me pregunto: ¿Qué debo hacer para mejorar al escribir?, ¿cómo hago para escribir como esos escritores que tanto admiro?, ¿cuáles es sus secreto? He llegado a pensar es que la mejor forma de saberlo es arriesgándose. Quizás al comienzo uno se tropieza, no sabe cómo describir esa escena, le falta más creatividad o mejorar los tiempos en los textos. Pero la única forma de saberlo es intentándolo.
Uno lee los primeros libros y se siente como si fuese un golpe al cráneo: te cambia la forma de ver las cosas. Después, uno trata de variar de escritores, ver cómo es este, cómo es aquello, y empieza a ver la diferencia, el ritmo de los puntos o comas, la forma de relatar, las palabras que usa, y poco a poco uno aprende de lo que se lee. Si uno quiere escribir, tiene que leer a otros autores.
Existe otro punto, no es solo lo que se lee, si no lo que se vive. Una persona puede tener pocos conocimientos acerca de la lectura, la literatura o entre otros. Pero si uno ha vivido, pude contarlo con sus palabras lo que casi nadie ha podido escribir. Si uno quiero escribir, también tiene que vivir, tiene que saber qué es la vida, qué es la experiencia, qué son todas las cosas que nos rodean y que la única forma de saberlo es exponerse a ella, es decir, vivirlo.
En conclusión, la escritura es maravillosa, tanto leerlo como escribirlo. Pero todas estas historias, todo esos cuentos, relatos, se basaron en una vivencia de otro, o de alguien en especial que pudo distorsionarla y hacerlo de una manera más fantástica. La escritura no se escribe, se vive.

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